Origen de la tradición tomar uvas en nochevieja

El origen de la tradición tomar las uvas en nochevieja

Tomar uvas en la Puerta del Sol Fin de Año

Parece que como toda tradición muy aceptada y del gusto de tantas personas, el origen de la tradición de tomar uvas en nochevieja tiene varias teoría interesadas. Hasta hace poco se daba como mejor origen el de una iniciativa de agricultores alicantinos que quisieron dar salida al excedente de uva obtenido en la cosecha de 1909. Ofreciendo ese sobrante a las gentes de la comarca para celebrar con ello el fin de año. Sin embargo, rastreando en la hemeroteca de periódicos de antigua trayectoria histórica, se encuentran referencias en noticias de finales del siglo XIX donde se menciona esta costumbre.


Por ejemplo en La Correspondencia de España se cita en una nota del 1 de enero de 1896 como se tomaron uvas en círculos sociales elitistas. A las doce en punto de la noche, varios ministros reunidos en una cena de gala acompañaron la entrada del nuevo año comiendo uvas y bebiendo champagne. Costumbre que parecía provenir de los ambientes de lujo parisinos y que la burguesía española quiso imitar.

Un escritor célebre a los inicios del siglo XX, el periodista y humorista Luis Taboada, escribió un artículo al año siguiente (1897) en El Imparcial. Titulado «Las uvas milagrosas», era sobre ese nuevo ritual de comer uvas durante Nochevieja como atrayente de la buena fortuna. Había cierto sarcasmo sobre cómo los ricos y poderosos se procuraban aún más suerte para seguir siéndolo. Quizás esa ironía caló en las clases populares, pues poco después, desde 1906, diarios como el ABC recogen ese ritual de tomar las uvas con las campanadas del reloj de la Puerta del Sol.

 

Origen de la tradición tomar uvas con las doce campanadas

Un origen con cierta ironía

Así, una primera referencia en el ABC aparece el 2 de enero de 1906. En esa nota el cronista asegura «observado mucho culto a la costumbre de comer doce uvas al dar las doce del último día y nacer el nuevo año. Según los apologistas del sistema, comiéndolas en ese preciso momento se augura la posesión de dinero».

De esta forma, esa costumbre terminaría por ser aceptada -casi como un ritual- y extenderse a las familias más modestas. Entre las llamadas clases medias y las más populares empezó a gustar ir a la Puerta del Sol haciendo burla de las lujosas “fiestas burguesas”. Si la burguesía importaba una tradición de la “exquisita sociedad” francesa, el pueblo de Madrid no iba a ser menos. Luego esa costumbre burlesca pasó a ser festiva, extendiéndose a toda España. Como fue el caso de Alicante y la “donación” de sus vinicultores en 1909 de miles de kilos de uvas, para asegurar la compra futura de uvas “por docenas” en ese nuevo rito navideño.

En la actualidad, salvo la reciente época de pandemia, este ritual popular atrae a la Puerta del Sol de Madrid a miles de personas cada noche del 31 de diciembre. El reloj-campanario se pone a punto con una serie de pruebas los días previos, para no defraudar a las casi 10.000 personas que pueden congregarse a sus pies cada Nochevieja esperando sus «míticos» cuartos y sus «esperanzadoras campanadas»… 


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