Poemas de amor para el día de los enamorados

 

Gustavo Adolfo Bécquer


 Versos y besos. La rima sale fácil en el amor, pero no nos confundamos, escribir un buen poema de amor no está al alcance de todos los mortales. Santa Teresa de Ávila explicaba lo qué es el amor, “si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.”

Amor, como el mejor regalo de San Valentín
Este artículo es para cantar al Amor, para proponer una serie de versos amorosos que sirvan de regalo o de acompañamiento al regalo en el día de los enamorados, en San Valentín.
Al igual que cuando se eligen las mejores películas de la historia del cine cualquier clasificación posible se ciñe a los gustos y preferencias culturales de los electores. Por eso, con la licencia que modestamente pedían los antiguos libros a sus lectores, se hará la siguiente selección:
De Neruda a Bécquer

Con Pablo Neruda resulta cómodo, tiene un libro, precisamente, titulado “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Cualquiera de los versos de los 20 poemas serviría para nuestro propósito, pero seamos selectos.
“Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca”…

Del poeta chileno pasemos a un romántico por excelencia, Gustavo Adolfo Bécquer. Es difícil elegir cuando estamos en la época que conocemos como Romanticismo. Se recupera el sentido trágico del amor, que en libros de caballerías de la Edad Media hacían de la dama un inalcanzable.
Los más conocidos, “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Que es poesía!, ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… eres tú”.

Lo que ocurre es que serían muy válidos si la dama tuviese siempre los ojos azules. Por eso dejamos que continué la rima y éstos son perfectos para cualquier amada; “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso…, yo no sé que te diera por un beso”. 

Pablo Neruda
Amar en verso, poesía eres tú
Para los más exigentes es probable que la selección esté quedando muy tópica. Sinceramente, poco nos importa. Hay tanto poeta en el mundo que si la poesía alimentase el estómago, en lugar del alma, se habría erradicado el hambre en el planeta.

Por tanto, Neruda y Bécquer suelen aparecer en la mente cuando de amor se versa y a pesar de ser muy conocidos y manidos, siguen siendo los más útiles, aunque Lope de Vega se quejara de que “Versos de amor, conceptos esparcidos, engendrados del alma en mis cuidados, partos de mis sentidos abrasados, con más dolor que libertad nacidos;”


Como de celebrar y regalar se trata, en el día de los enamorados, a un amante que ama y a una amada que ama, los miles de versos de desamor y de descanto, no vienen a canto. Aunque de cantar al amor florido y fértil se trata, no desperdicien la opción de leer, con alma sobrecogida, las miles de estrofas que, estos poetas y otros, al amor roto y seco también han contado. Porque de las cenizas del amor se prenden nuevas llamas y se aprende a amar desamando.

                              AMOR ETERNO de Gustavo Adolfo Bécquer


Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.
Regalar un libro de poemas de mujer

Quizás, sí que es criticable que no se incluyan mujeres poetisas en esta selección. Por eso se emplearán estos últimos párrafos para ser ecuánimes.
“Amante, no pretendas mi cuerpo dibujado, mira como en la arena se deshacen las formas, coge sólo los besos que estallan en las olas…Amante, no me busques dormida entre las conchas”…

Son estos bellos versos de la poetisa madrileña, Luz María Jiménez Far, de su poemario “Sé que vivo”. Esta escritora es presidenta de la Fundación Gloria Fuertes, siendo, además, la depositaria de todos los derechos de la conocida autora.
En Gloria Fuertes encontramos principalmente versos dedicados a la infancia, pero también, menos conocidos, son sus poemarios para adultos, donde podríamos regalar “El amor danza en mi pecho. ¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda! Ya no soy la loca triste, que al oír risas gritaba; ahora soy la niña dulce, ya no soy mujer amarga”. Son de su poema “Amor que libera”.
Regalar poemas en San Valentín, día de los enamorados
Esta propuesta de regalar versos debe vencer muchos prejuicios. El primero, y quizás más grave, sería el de atreverse a leer poesía. No sólo deberíamos atrevernos, también los hombres deberíamos aceptar un poemario como buen regalo, ser nosotros el sujeto del poema de amor, porque siempre se ha considerado a la mujer como la natural y única protagonista del romance.
Incluso, cuando ya es aceptada en nuestras sociedades la diversidad amorosa, versos homosexuales, lésbicos… un ramillete para regalar y para hacerlo se recomienda ir a la librería de siempre, del barrio. Contar con la confianza y sabiduría del librero. En un gran almacén será más complicado encontrar un tesoro, un regalo, un poeta o una poetisa del amor por descubrir.