Origen del médico; breve historia de la medicina

El curioso símbolo mundial de la Medicina

¿El sanador de cuerpos fue antes que el sanador de almas? Curanderos y hechiceros eran muchas veces la misma cosa en las sociedades primigenias. La observación procuró que algunas hierbas y alimentos sanaban ciertas dolencias; pero ante lo complejo, enfermedades graves, se acudía a la magia y a la ayuda de los espíritus o divinidades para lograr la sanación, que se fiaba, en verdad, a un milagro ante la impotencia que suponía no saber cómo curar esas enfermedades. También la evidente relación de enfermedades con las muertes inesperadas, motivó a todas las culturas a mirar de frente a ese “poder fulminante” que acababa con la vida de todos, fuesen reyes o esclavos. Nacía una “ciencia” que se ocupaba a la vez de la vida y la muerte.

Alcmeón de Crotona, el filósofo que diferenció enfermedad de la impureza 

Antes que Hipócrates como padre de la medicina, habría que hablar del abuelo de ésta. Alcmeón de Crotona es para algunos estudiosos discípulo de Pitágoras y vivió en la Grecia clásica entre los siglos VI-V a. C. Fue el primero de los sabios dedicados a la observación de la vida, filósofos, en postular una ‘Teoría de la Salud’. Es decir, la enfermedad ya no se debía a elementos impuros, provocados por el enfermo que era castigado por los dioses con esa enfermedad-maldición.

Las sanaciones, pues, se basaban en ritos religiosos de ofrendas a los dioses y divinidades de la vida-salud. La teoría de Alcmeón consideraba a la enfermedad como un “desequilibrio”, una rotura en el equilibrio de la naturaleza de la persona. Por tanto, las sanaciones debían buscar recuperar ese equilibrio y no limitarse a las simples plegarias o conjuros “mágicos-religiosos”.

Hpócrates en un grabado de Rubens

El juramento hipocrático y el oficio de Galeno

En la Grecia del siglo V a. C.; Hipócrates comenzó a tratar a los enfermos más como médico que como sacerdote, aunque aún era considerado ambas cosas, pues su escuela médica estaba en los templos de los dioses curativos. Los templos hacían las veces de hospitales, lugares dedicados a sanar a los enfermos. En realidad, es complicado conocer la figura y obra de Hipócrates, pues lo que se conoce de él es debido a un compendio de escritos que a lo largo de varios siglos sus seguidores conformaron como el corpus hipocráticum.


Digamos que el mérito que convierte, para muchos, a Hipócrates en ‘padre de la medicina’ es el juramento que se le atribuye. El Juramento Hipocrático suponía una toma de conciencia ética del oficio de sanador, como un trabajo relacionado con un bien supremo que es la vida de una persona. Esa responsabilidad debía convertir al médico en un “profesional” obligado a instruirse, a asumir esos conocimientos y no a heredarlos como ocurría antes en una sabiduría elitista que pasaba de padres a hijos o de sacerdotes a sacerdotes.
Galeno, el médico griego al servicio del imperio romano entre los siglos II y III de nuestra era, estableció una serie de tratados que fijaron el oficio de médico, tanto que su nombre es sinónimo de médico en el habla coloquial. Gracias a su obra se conoce mejor la tradición hipocrática, pues en ella se basaba su trabajo. Es pionero en aportaciones esenciales de la medicina, como la circulación sanguínea, las válvulas del corazón o los nervios craneales

De oficio a servicio, la medicina como ciencia de la salud

El oficio de médico se vio obligado a superar cada siglo mayores retos, enfermedades infecciosas en masa como las epidemias de peste que diezmaron a las poblaciones de media Europa al final de la Edad Media. La verdad es que era un oficio sin mucho prestigio y poco apreciado por las gentes, incluso los nobles que podían procurarse los mejores galenos recelaban de sus capacidades, dejándose la curación, como antes, a la mediación divina.

Louis Pasteur en una pintura de Albert Edelfelt (1885)

Ni en el llamado “siglo de las luces”, la Ilustración del siglo XVIII, con sus tratados científicos para que la medicina se abriese a la investigación de las causas y efectos de las enfermedades, el oficio de médico tuvo gran prestigio entre la población. En muchos casos, las atenciones médicas seguían siendo un lujo que pocos se podían permitir. Fueron los descubrimientos de algunos genios, que incluso no eran médicos, como las investigaciones de Louis Pasteur ( 1822-1895) que llevaron a las vacunas, los que lograron elevar el prestigio de la medicina como ciencia al servicio de todas las personas.
El siglo XX y su empuje tecnológico en la industria y en las ciencias, convirtió el oficio de médico en un servicio para el bien de la sociedad, lográndose el control de plagas y epidemias a niveles “universales” que antes eran impensables. El mayor conocimiento de las causas de muchas enfermedades (microbios, bacterias…), revalorizó el oficio de médico, al ser mayores las sanaciones, pero sobre todo supuso el inicio de la actual medicina científica.