La vida que encontré de Yessi Morel, una recomendación para su lectura:

Un libro sobre la pérdida, la maternidad y la capacidad de seguir adelante
Voy a empezar por el final de la sensación que me dejó este libro tan emotivo, no por el argumento: La vida que encontré, de Yessi Morel, es triste, pero no es un libro triste. Y esa diferencia importa mucho.
La autora aborda una experiencia profunda y dolorosa, marcada por las dificultades para concebir y las pérdidas gestacionales, sin convertirla en un relato dominado en exclusiva por el sufrimiento. Hay dolor, pero también enfado, humor negro, conversaciones absurdas, familia, amor de pareja y días en los que sin más toca seguir trabajando aunque por dentro estés destrozada. Esa mezcla de emociones es, probablemente, lo que más verdad le da al libro.
¿De qué trata La vida que encontré?
La historia comienza con un proyecto de vida aparentemente sencillo: casarse, tener hijos y formar una familia. Cuando el embarazo no llega, aquello que parecía cuestión de tiempo se transforma poco a poco en análisis, diagnósticos y tratamientos de reproducción asistida.
Yessi Morel se adentra en ese proceso con la confianza de quien cree que, una vez localizado el problema, la medicina encontrará la solución. Sin embargo, pronto descubre una realidad mucho más compleja: la fertilidad no funciona como una ecuación. Puedes hacerlo «todo bien» y aun así recibir un negativo.
La autora consigue transmitir la incertidumbre, el desgaste emocional y las expectativas que acompañan a cada tratamiento. Su relato permite comprender no solo el proceso médico, sino también la montaña rusa psicológica que experimentan quienes atraviesan dificultades reproductivas.
Una narración cercana que combina dolor y humor
Uno de los grandes aciertos de La vida que encontré es su capacidad para explicar una experiencia compleja sin recurrir a un lenguaje técnico ni adoptar el tono de un manual médico.
Yessi tiene habilidad para convertir las vivencias clínicas en escenas memorables: el marido que dobla una aguja, los espermatozoides vagos, los embriones convertidos en alumnos con notas o la vigilancia obsesiva de cualquier síntoma. Estos episodios introducen humor en una historia dolorosa y hacen que la lectura resulte accesible incluso para quienes desconocen los tratamientos de fertilidad.
El estilo es sencillo, directo y conversacional. En ocasiones, la repetición de determinadas situaciones transmite la sensación de estar atrapada en un ciclo interminable de esperanzas y decepciones, aunque también puede ralentizar el ritmo narrativo. La obra no destaca tanto por la experimentación literaria como por la autenticidad de su voz y la intimidad con la que comparte su experiencia.
Las pérdidas gestacionales y el duelo por la maternidad imaginada
La parte más intensa del libro llega cuando el deseo deja de centrarse en conseguir un embarazo y empieza a concretarse en la ilusión de tener un hijo. Ese cambio emocional está narrado con sensibilidad y permite entender por qué las pérdidas posteriores adquieren un significado tan profundo.
Hay páginas difíciles, en las que las pérdidas gestacionales se describen desde una perspectiva física y emocional, sin ocultar los aspectos más duros del proceso. No hay morbo, pero tampoco una voluntad de suavizar la experiencia. Es un relato que exige cierta disposición emocional y que puede resultar especialmente intenso para quienes hayan atravesado circunstancias similares.
Una reflexión sobre cómo reconstruir la propia vida
El mensaje final evita el optimismo fácil y las conclusiones complacientes. Yessi Morel no descubre que nunca quiso ser madre ni presenta las pérdidas como acontecimientos que debían suceder por alguna razón. Su aprendizaje es más complejo: puede seguir deseando lo que perdió y, al mismo tiempo, amar la vida que tiene.
Los proyectos, los sobrinos, los amigos, la familia, los viajes y la libertad forman parte de una identidad que vuelve a ser mucho más grande que los tratamientos y las expectativas frustradas.
Opinión sobre La vida que encontré, de Yessi Morel
La vida que encontré es una lectura recomendable para quienes buscan un testimonio honesto sobre la infertilidad, la reproducción asistida y el duelo gestacional. También invita a reflexionar sobre la maternidad, las expectativas sociales y la necesidad de reconstruirse cuando la vida no sigue el camino previsto.
Ese es, para mí, el verdadero corazón del libro: hay sueños que no se cumplen. Y sobrevivir no consiste en fingir que nunca importaron, sino en descubrir que todavía quedan muchas cosas capaces de importar después.
Una historia íntima y valiente que habla de la pérdida sin renunciar a la esperanza, y de la posibilidad de encontrar una vida plena incluso cuando no es la que habíamos imaginado.


