‘Cabalgando entre dos tiempos’; algo más que una novela histórica

Cuando la novela histórica deja de ser épica: vivir la Historia desde dentro en Cabalgando entre dos tiempos


Vivir la Historia desde dentro en Cabalgando entre dos tiempos

Cabalgando entre dos tiempos, la novela

Durante años, la novela histórica ha estado dominada por una misma expectativa: grandes batallas, héroes excepcionales y una mirada más cercana a la épica que a la experiencia cotidiana. Sin embargo, en las últimas décadas se ha ido abriendo paso otra forma de narrar el pasado, más introspectiva y menos grandilocuente. Cabalgando entre dos tiempos, de Nuria Alonso Garcés, se inscribe claramente en esta segunda corriente.

La novela no se pregunta cómo fue la Historia en mayúsculas, sino qué significó vivirla. Y esa diferencia lo cambia todo

El protagonista, Faustino de Garay, no es un personaje destinado a los manuales ni a las estatuas. Es militar, sí, pero también es hijo, hermano, amante y testigo de una España que se transforma sin pedir permiso a quienes la habitan. Desde el primer momento, la estructura del libro deja claro que no estamos ante una crónica objetiva, sino ante unas memorias: un hombre escribe desde la madurez, consciente de que el tiempo se agota y de que el recuerdo es frágil.

Esta elección formal es clave. Al optar por el relato memorialístico, la autora desplaza el foco del acontecimiento al impacto emocional que este tiene sobre el individuo. La Guerra de la Independencia, el reinado de Fernando VII o las tensiones entre absolutismo y liberalismo aparecen filtradas por la subjetividad de Faustino, por sus miedos, deseos y contradicciones. No hay una voz omnisciente que ordene el pasado: hay una conciencia que intenta comprenderlo.

Desde el punto de vista del género, Cabalgando entre dos tiempos se aleja deliberadamente de la novela histórica de acción. Las batallas existen, pero no son el centro del relato. El verdadero conflicto es interior: cómo sostener una identidad cuando el mundo que te formó está desapareciendo y el nuevo aún no ofrece certezas. Faustino vive entre dos tiempos no solo históricos, sino morales y emocionales.

Este enfoque conecta con una tradición más moderna de la novela histórica, aquella que entiende el pasado como un espacio de conflicto humano antes que como un escenario espectacular. La guerra no aparece embellecida; al contrario, se muestra como una experiencia de desgaste físico y moral, donde el honor convive con el miedo y la brutalidad. La violencia no ennoblece a los personajes, los marca.

Otro rasgo distintivo del libro es su atención a lo cotidiano. La infancia en La Almunia de Doña Godina, la vida familiar, las relaciones sentimentales, los desplazamientos constantes del militar… todo ello construye una textura narrativa que da profundidad al contexto histórico. El lector no «aprende» la época; la habita.

Esta forma de narrar exige un lector dispuesto a otro ritmo. No hay urgencia constante ni giros espectaculares. La tensión se construye de manera acumulativa, a través de decisiones que parecen menores en su momento, pero que acaban definiendo una vida. Es una apuesta arriesgada, pero coherente con la propuesta del libro.


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