Olas de calor en Europa, ¡lo nunca visto!

Olas de calor por toda Europa. Iamgen recreada y retocada por IA (ChatGPT) a partir de una imagen de las calles de Marid

Olas de calor en Europa: cómo protegernos ante un riesgo cada vez mayor

Durante mucho tiempo, las temperaturas extremas se asociaron principalmente con el sur de Europa. En España estamos acostumbrados a veranos calurosos, aunque no por ello nos deberíamos confiar o, peor aún, resignar a estas altas temperaturas que han dejado de ser «normales». Prueba de ello es que en los últimos años el calor intenso ha avanzado hacia regiones donde hasta hace poco resultaba excepcional.

Alemania, por ejemplo, alcanzó provisionalmente los 41,7 °C este pasado junio de 2026, superando su anterior récord nacional. Una temperatura que ilustra hasta qué punto el calor extremo ha dejado de ser un problema exclusivamente mediterráneo.

Las olas de calor no son simplemente “días de mucho calor”. Se producen cuando las temperaturas permanecen durante varios días muy por encima de lo habitual para una zona y una época del año. Por eso, 35 °C pueden tener efectos especialmente graves en lugares donde las viviendas, los hospitales, los transportes y la población no están preparados para soportarlos.

El IPCC es el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, un organismo de Naciones Unidas creado para evaluar el conocimiento científico disponible sobre el cambio climático

El cambio climático intensifica el calor

El cambio climático no provoca por sí solo cada episodio meteorológico, pero sí modifica las condiciones en las que se desarrolla. El aumento de la temperatura media hace que las olas de calor sean más probables, intensas y duraderas. El IPCC señala que el incremento del calor extremo ya es perceptible en todas las regiones de Europa y continuará creciendo a medida que aumente el calentamiento global.

Europa es, además, la región de la Organización Mundial de la Salud que se calienta con mayor rapidez: aproximadamente el doble que la media mundial. En España, la temperatura media ha aumentado más de 1,5 °C desde 1961, según AEMET. Esto no significa solamente que los termómetros marquen cifras más altas durante las olas de calor. También implica noches más cálidas, temporadas de calor más largas, mayor riesgo de sequía e incendios y un aumento de la demanda de agua y electricidad.

Las llamadas noches tropicales, en las que la temperatura no baja de 20 °C, y las noches tórridas, por encima de 25 °C, son especialmente peligrosas. Si el cuerpo no puede refrescarse durante la noche, el cansancio térmico se acumula y aumenta el riesgo para la salud.

Un problema sanitario, no solo meteorológico

El calor extremo puede producir deshidratación, agotamiento, calambres, mareos, desmayos y lo más peligroso: golpes de calor. También agrava enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas. Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los bebés, las embarazadas, quienes padecen enfermedades crónicas, las personas que viven solas y quienes trabajan al aire libre.

No obstante, nadie es completamente inmune. El ejercicio intenso, el consumo de alcohol, ciertos medicamentos o permanecer en una vivienda mal ventilada pueden aumentar el peligro. La OMS estima que durante el verano de 2022 se produjeron más de 60.000 muertes relacionadas con el calor en Europa. Un dato de hace casi un lustro que ya nos asustaba y asusta…


Turistas asiáticas se protegen ola de calor en España

Cómo protegerse durante una ola de calor

La primera medida es consultar los avisos meteorológicos y adaptar la actividad diaria. Conviene evitar el ejercicio y los trabajos físicos intensos durante las horas centrales, especialmente entre el mediodía y el final de la tarde. Los desplazamientos, las compras y el deporte deberían realizarse preferentemente por la mañana o al anochecer.

Es importante beber agua con frecuencia, incluso sin tener sed. El alcohol y las bebidas con mucha cafeína pueden favorecer la deshidratación. También ayudan las comidas ligeras, la ropa holgada y transpirable, los sombreros y la búsqueda de lugares frescos o climatizados durante varias horas al día.

En casa, se recomienda cerrar persianas, toldos y cortinas cuando da el sol, y ventilar durante la noche o a primera hora de la mañana. Los ventiladores pueden aliviar el calor, pero cuando la temperatura interior es muy elevada quizá no sean suficientes. Nunca deben dejarse niños, personas dependientes o animales dentro de un vehículo estacionado, ni siquiera durante unos minutos.

También es fundamental prestar atención a familiares, vecinos o conocidos que vivan solos. Una llamada o una visita pueden detectar a tiempo síntomas de deshidratación o confusión.

Ante piel muy caliente, dolor de cabeza intenso, desorientación, convulsiones o pérdida de conciencia, puede tratarse de un golpe de calor. Es una emergencia: hay que llamar al 112, trasladar a la persona a un lugar fresco y enfriarla mientras llega la ayuda, sin darle líquidos si está inconsciente.

Adaptarse y actuar sobre las causas

Protegerse individualmente es necesario, pero no suficiente; la idea es que las medidas de protección sean «medidas sociales», pensadas para todos. Las ciudades necesitan más árboles, sombra, fuentes, refugios climáticos y edificios bien aislados. Los centros sanitarios, colegios y residencias deben contar con planes específicos, y las empresas han de adaptar horarios y tareas para proteger a quienes trabajan expuestos al calor.

Al mismo tiempo, la adaptación debe acompañarse de una reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero. Cada fracción de grado que se evite limita la intensidad de las futuras olas de calor. Europa tendrá que aprender a convivir con veranos más difíciles, pero todavía podemos decidir hasta qué punto llegarán a ser extremos y no «normalizar» esta situación… ¡nunca vista!


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