El origen del Cine, breve historia del primer cinematógrafo

Cartel de “El regador regado”, primera película de humor de la historia del cine

La etimología de cinematógrafo, imágenes en movimiento,  κινή (kiné), que significa “movimiento” y por otro lado γραφóς (grafós), nos lleva a un viejo deseo del ser humano de recrear lo que sus ojos veían en movimiento en la naturaleza. Unos antepasados del cine serían los teatros de sombras chinescas y la linterna mágica. Son, desde luego, precedentes remotos y de “espíritu” más que nada, pues el invento del cine, como proyector de imágenes en movimiento, grabadas previamente en un soporte, corresponde a la época “industrial” del siglo XIX.
Los estudios ópticos, alrededor de la capacidad humana de retener y procesar la información de las imágenes captadas, pusieron las bases para crear una herramienta capaz de fijar y luego proyectar la imagen en movimiento. El secretario de la Real Sociedad de Londres, Peter Mark Roget, en 1824 publica un trabajo científico sobre la persistencia, la capacidad del ojo humano, de retener la imagen vista durante una fracción de segundo aunque ya no la tenga en su campo de visión.
Los hermanos Lumière
Los considerados padres del cinematógrafo, los hermanos Lumière, curiosamente, no tuvieron tanto en cuenta las teorías científicas sobre óptica como las cuestiones industriales y mecánicas de los experimentos (por ejemplo, el kinetoscopio de Thomas Edison) que se hacían a partir de estos estudios. Ni que decir tiene que la fotografía, nacida mucho antes, sirve de base para el cine. Al fin y al cabo, lo que lograron los Lumière fue captar las fotografías (fotogramas) en una secuencia (movimiento) y proyectarlas con un haz de luz que las mostraba en sucesión. Dicho así parece sencillo, pero la proyección del 28 de diciembre de 1895 hizo saltar de sus sillas a muchos de los espectadores del pequeño salón Boulevard des Capuchines de París donde se proyectó la llegada de un tren a una estación.

Cámara y proyector de los Lumière

Las películas de los Lumière eran secuencias de corta duración sobre momentos cotidianos, reconocibles por los espectadores, aunque ya buscando el “efectismo”: la salida de unos obreros de su fábrica, la llegada de un tren, el humo y fuego de una herrería, un jardinero regando… Se ha querido poner en tela de juicio la paternidad de los hermanos Lumière por existir precedentes de cámaras cinematográficas en diversas patentes en los EEUU, como el referido aparato de Edison (kinetoscopio) o los hermanos Skaladanowskyen Alemania con su “aparatoso” Bioskop. Sin embargo, a pesar de que los mismos Lumière no confiaron en su invento, dejando la producción cinematográfica por la investigación científica a los pocos años, su cámara (tomavistas) y proyector al mismo tiempo sigue siendo la esencia del cine actual.

El célebre fotograma de Viaje a la Luna (1902) de Georges Méliès
Luego, otros con más talento artístico que técnico, como el mago Georges Méliès, comprendieron las oportunidades que ofrecía el cine de crear historias, no sólo de “documentar” la realidad. A veces se nos olvida, debido al inmenso desarrollo tecnológico que ha tenido la industria del cine, con los efectos digitales gracias a la informática o las mejoras en el tipo de formatos sobre el que “capturar” las imágenes, que todo comenzó en la magia resumida en el haz de luz proyectada sobre nuestras cabezas cuando estamos en una sala de cine. Lo demás… unos le llaman arte, otros negocio, y los más entretenimiento, diversión, ocio, y hasta pasión (cinéfilos).