Carnaval, la historia de la festividad de los carnavales

Reina en uno de los Carnavales de Río
¿Sabía que el origen más directo de los Carnavales es una fiesta romana llamada ‘Saturnales’? En honor al dios Saturno de la agricultura, se organizaba una fiesta de regocijo por los frutos cosechados. Se daba el día libre hasta a los esclavos y se desataba las ganas de vivir, de amar y de embriagarse con los vinos de Baco. Solía ser una fiesta casi obligada, pues las tareas de siembra y cosecha se daban por terminadas en invierno y todo el mundo, incluidos los esclavos, tenían más tiempo libre. En algunas ocasiones las saturnales se han relacionado con las orgiásticas fiestas del dios del vino, Baco o Dionisio para los romanos. 
La fiesta de Carnaval es la huella de las celebraciones paganas que más éxito mundial ha tenido y que se ha extendido por casi todas las culturas. Su sentido lúdico y sensual era tolerado por las religiones oficiales, como un acto de “preparación” para entrar en periodos de purificación (cuaresma). El cristianismo también toleró esta fiesta, más que nada porque se solapó con la Navidad y precedía a la que sería Semana Santa, considerando que sería mejor la convivencia y asimilación con esta celebración pagana tan popular que su eliminación del ritual social.
Carnaval de Venecia
Incluso, durante la Edad Media el Carnaval supuso una oportunidad de “crítica social”, de permisividad, tanto que se ridiculizaban a los nobles, al clero, a los poderosos y se ironizaba con la moral religiosa. Como recuerdo del paganismo y de  catarsis social, al pueblo se le permitía ocultarse bajo máscaras y disfraces, había bailes y desfiles. Las comilonas con el sacrificio de animales eran diarias para atraer la fortuna, la “buena cosecha”, coincidiendo con la entrada del equinoccio de primavera y la fertilidad  (de ahí el aumento de las relaciones sexuales) de un nuevo ciclo

En la actualidad sigue manteniendo su sentido lúdico y vital, quizás algo distanciado de la idea que quiso establecer el cristianismo de ‘preparación carnevale’, que suponía la expresión latina carnem levare (quitar la carne), la prohibición de comer carne durante los cuarenta días de la Cuaresma. Solía hacerse la última jornada de Carnaval un banquete de excesos y la carne supone un símbolo de esos excesos, permitidos antes del período de abstinencia y de ayuno de la Cuaresma, “cuarentena” purificadora y de penitencia que culminaba en la Pascua.
Sensualidad “carnal” de Río de Janeiro